Vagón de historia

Tranvía lisboeta, vagón de historia que no pasa, que pasa pero que no llega. Rehúso a ver qué quieres ser una más de tu generación, para ello tus ademanes haces a orillas del Tajo, pero no quieres, no queremos, el sentido pierde quitarte tu traje de azulejos y tu cara poco encalada. Está bien que tus trapos saques a relucir por las ventanas y balcones que airean tu interior. No guardes más allá de lo que ya guardas en tus fados, para eso has aprendido de tu propia melancolía. Fuiste grande, de un imperio lusitano que estuvo en los cuatro mares y de alta mar a ti llegaron curtiéndote en exotismos y atavíos. Hace tiempo que se fueron de tu cobijo tus hijos, te entristeciste dejándote al desazón que provocan las pérdidas, aunque tu añeja petulancia sale entre viejas tejas para decir a tus coetáneas que estás aquí, que no cesarás aunque tus amigas europeas te obviaron por tener a un marido dictatorial y que te quiso compartir construyéndote un puente de rojo con la otra orilla. En tu divorcio, de claveles rojos llenaste tu cabeza y el mundo tu comportamiento menciona aunque desafortunadamente no sigue.

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